“Cinismo”

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Así definió mi amigo Dani el discurso de Cristina Kirchner y la referencia al debate por el matrimonio gay. Y voy a a adherir a ese calificativo.

Una de las cosas que más me molesta del kirchnerismo es la facilidad que tiene para levantar el dedito y acusar, y la baja capacidad de autocrítica.
En el discurso por el 9 de Julio, CFK dijo:

"Cuando fuimos mayoría en el Parlamento, jamás sacamos una ley que sacara o restringiera derechos de las minorías"

Lo que se infiere de esa frase es que la ley de matrimonio gay no saldrá porque el oficialismo no tiene mayoría. Una falacia absoluta y descarada. Veamos:

  • En primer lugar, lo que se debate no es una ley para "restringir" derechos de minorías, sino para "ampliar" derechos.
  • En los seis años de mayoría automática kirchnerista nunca se debatió este tema. El oficialismo tenía número para imponerlo y ni siquiera presentó un proyecto al respecto.
  • El proyecto original de matrimonio para personas del mismo sexo es de autoría de Silvia Ausburguer (socialista) y de Vilma Ibarra (aliada crítica al kirchnerismo).
  • El año pasado se intentó debatir el tema y el kirchnerismo lo frenó.
  • Vía Fernando Iglesias nos enteramos que sólo el 48% de los diputados K apoyaron la ley.
  • En el Senado el oficialismo tiene 33 senadores propios y tres aliados. Los máximos líderes radicales apoyan la medida (incluyendo al presidente del partido, Ernesto Sanz). Con esto suman cuatro o cinco votos más. Además hay un socialista, dos juecistas, una actual y un ex Coalición Cívica. Y una peronista federal ya anticipó su apoyo al proyecto. En total son 47 votos a favor. Sin embargo, hoy la ley está peligrando. ¿Se le puede echar la culpa a la oposición por esto?
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Lo atamo con alambre, lo atamo

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Ahora Chiche Duhalde dice que la oposición está atada con alfileres. El argumento fue similar al que usó el oficialismo hace unas semanas. “No pueden tener mayoría en las comisiones porque no son un grupo sino varios”. Son afirmaciones (o chicanas) sin sentido, de un lado o del otro.

Nunca escuché a Lula quejarse por tener que gobernar con un parlamento adverso y atomizado. O si lo hizo, no fue en los términos que protesta el gobierno argentino. En el parlamento brasileño hay 20 grupos parlamentarios y de 513 diputados sólo 83 son del Partido de los Trabajadores de Lula. Y así fue todo su mandato. Todos los que no pertenecen al PT son de otras fuerzas políticas. Pero, al igual que en la Argentina actual, no hay una fuerza opositora mayoritaria. Así, las alianzas van girando y muchas fuerzas son aliadas al gobierno, otras son opositoras y cada tema va necesitando nuevos consensos.

Lo mismo se puede replicar en España, donde hay 6 fuerzas parlamentarias. SI bien el socialismo tiene mayoría, basta que el Partido Popular se junte con el resto para obstruir cualquier medida gubernamental. En Italia, como siempre, el conflicto es aún mayor. Hay 11 bancadas y 5 legisladores que no integran ningún bloque. También es un esfuerzo ponerse de acuerdo.

El error en la Argentina es creer que “la” oposición puede actuar como un bloque político único. Eso no existe ni es deseable. Lo interesante es que cada fuerza política vote de acuerdo a sus convicciones y promesas de campaña. También puede hacerlo de acuerdo a sanos intereses (sin contar los intereses no sanos). Así, en cada tema, unos y otros deberán negociar, pensar estrategias y llegar a votaciones que serán siempre muy parejas.

No es malo ni para unos ni para otros que la oposición esté atomizado. Pero se debe ser claro frente a la sociedad. En el Parlamento cada uno debe atender a su juego.

Los logros del Gobierno de Cristina

En estos días en que se debate la nueva ley de Radiodifusión (o de medio audiovisuales o como quieran llamarle), muchas personas que se definen como “anti-kirchneristas” me comentaban que pese a sus posiciones políticas, les parece desmedido el tratamiento que los medios hacen al gobierno de Cris. Me decían que estaría bueno, que mechen las cosas negativas con las positivas que seguramente también existen.

Uno a veces accede a noticias que otros no. Y no estoy hablando de tener fuentes calificadas, sino de que -además de leer Clarín- leo diarios oficialistas, páginas web oficiales, etc. Y en función de eso casi que puedo asegurar: este gobierno no tuvo (casi) ninguna buena noticia para anunciar en toda su gestión.

Que quede claro que estamos hablando del Gobierno de Cristina. El de Néstor, en cambio, tiene en su haber la derogación de Obediencia Debida y Punto Final, el impulso al tema de los Derechos Humanos, un aumento de sueldo extraordinario a los docentes (muy superior a la inflación del período), aumentos considerables a los jubilados, llevó la desocupación a un dígito lo cual contribuyó con el descenso de la pobreza, le pagó al Fondo Monetario Internacional, renegoció la deuda externa, mantuvo el superávit fiscal, reformó la Corte Suprema de Justicia que hoy es un organismo intachable, creó junto al Congreso nuevas leyes educativas sancionadas con un relativo consenso, no reprimió los conflictos sociales… Néstor Kirchner dejó, al menos a mi criterio, un país mucho mejor que el que encontró. Cada una de esas cosas a favor, puede ser discutida. Algunos dirán que la renegociación de la deuda no fue buena; otros sostendrán que algunas de las medidas que yo señalo como positivas (ej: no reprimir) son la semilla a algunos problemas que hoy tenemos. Y puede ser o no. En todo caso, no me interesa discutirlo ni conmigo mismo. Son cosas que resultaron positivas para ciertos sectores de la sociedad, independientemente de que uno esté de acuerdo o no.

Veamos ahora qué pasa con el Gobierno de Cristina. Hoy se necesitan indefectiblemente medidas que corrijan el rumbo de algunas cosas que se hicieron mal en los últimos años. Como siempre, de eso se trata dirigir: ir corrigiendo las cosas que están mal. Porque además de las cosas buenas que hizo Néstor, también hizo muchas cosas malas. El problema es que Cristina está gobernando como si esos cuatro años anteriores no hubieran existido. Veamos cuáles pueden ser las buenas noticias.

1) Lanzamiento de un nuevo programa social. Ya no es una buena. Son programas extremadamente focalizados que ayudan a pequeños grupos más o menos necesitados. No hay información clara de cómo acceder a él. Las páginas web de los organismos oficiales sólo anuncian el anuncio (valga la redundancia) pero no explican cómo se implementa ni comentan la marcha del plan.

2) Anuncian la creación de obra pública (autopista, escuela, etc). Tampoco es buena noticia. Ambas gestiones K se caracterizaron por anunciar varias veces el lanzamiento de cada construcción. La buena noticia sería la inauguración. Pero, lamentablemente, eso no pasa. En general todo se lanza y se frena. Basta para eso ver esta nota de Clarín de hoy.

3) Aumento a los jubilados. Después de tantos años de gestión, cualquier aumento es insuficiente. Máximo cuando se usa la caja del Anses para otras cosas. Hoy la plata para aumentar a los jubilados está. Y los incrementos no deberían ser en virtud de un capricho presidencial, sino de una ley sólida que lo ate a los aumentos de sueldos. Hoy la ley existe, pero dejó a los jubilados muy mal parados.

4) Aumentos de sueldos mínimos. Nunca sirven siquiera para compensar la inflación que se oculta y se digita.

5) Creación de subsidios a un sector. Quedó demostrado que los subsidios se manejan por mecanismos tan engorrosos que es casi imposible cobrarlos. Especialmente para los chicos que no tienen estructura jurídica administragtiva para hacerlo. Entonces, como con los planes sociales, otra vez hacen agua. En cambio, sería muy bien recibido una rebaja de impuestos con la consecuente rebaja de subsidios. Por ejemplo, al sector del agro esto le vendría muy bien. Pero acá la lógica pareciera ser tener la plata, para poder tener el control de las situaciones.

Hasta aquí un breve panorama. Noticias que deberían ser buenas, se convierten en neutras por un simple motivo: no son medidas verídicas. Es el Gobierno el que debe generar el impacto suficiente para que los medios publiquen noticias “positivas”. Eso sólo se logrará con un cambio de estilo: planes sociales universales y transparentes, subsidios transparentes, rebaja de impuestos, inauguración de obras públicas (en lugar de anuncios), recomposición del Indec y claridad en los haberes jubilatorios serían algunos de esos pasos para recuperar la credibilidad.

El día en que Cristina Kirchner puede convertirse en primera ministra

Mi amigo Daniel Galvalizi, publicó en el diario vasco Gara, una columna de análisis sobre la realidad electoral argentina. Aunque para los argentinos no es nuevo lo que cuenta, es un interesante resumen y destila algunos buenos conceptos. Así dice el copete.

"Cristina Fernández y su marido, jefe del proyecto político gobernante, enfrentan un desafío electoral que les puede deparar una derrota y podría dar la vuelta por primera vez en seis años de poder kirchnerista a la mayoría con la que vienen contando en ambas cámaras"